¿El envejecimiento de la población afecta a la seguridad vial?

Para muchas personas de la tercera edad, manejar les da independencia.

La Ley de Tránsito no estipula edad límite para que los adultos mayores conduzcan un vehículo, tampoco lo hacen los expertos geriatras. Sin embargo, después de los 60 años los reflejos son más lentos, la capacidad de reacción y la visibilidad disminuyen en un alto porcentaje. Y ese dilema motiva la duda, ¿cuál es la edad justa para decirle adiós al volante?

Asotransito  como organización dedicada a la prevención de accidentes le trae esta información sobre las limitaciones de las personas de la tercera edad  al conducir, ya que es ley de vida. Nos hacemos viejos, perdemos facultades y llega un momento en que tenemos dificultades para conducir y para transitar como peatones,  hasta el punto de convertirnos en un verdadero peligro para nosotros mismos y para el resto de conductores que circulan tranquilamente por la carretera.

 

Estadísticas

Según datos de previsión poblacional de la OMS, la población mundial de 60 años o más es de 650 millones, y se calcula que en 2050 alcanzará 2.000 millones.

En este sentido, la Comisión Europea alerta de una tasa de mortalidad para conductores mayores de 75 años que comienza a ser cinco veces superior a la media de la población, y su tasa de lesiones dos veces superior al resto.

Cuatro de los siete peatones que fallecen en arrollamientos  tienen  más de 60 años y prácticamente en todo el mundo hispano la Tercera Edad es un grupo que poco a poco va tomando más importancia, y tienen  Factores como la mejor calidad de vida y, sobre todo, los excepcionales avances en la medicina moderna han logrado que los mayores de 60 años sean personas con una mejor calidad de vida.   Las aseguradoras de vehículos consideran que a partir de los 65-70 años estamos hablando de un nuevo grupo de “alto riesgo”,  aunque estos datos varían en función de la aseguradora.
Estadísticamente está demostrado que la franja de edad superior a los 70 años, ocasionan o sufren un mayor índice de siniestralidad. Además, las lesiones recibidas son de mayor importancia, tanto por su intensidad como por los periodos de recuperación.

 

¿Por qué es un riesgo?

Las principales causas por las que no se renueva el permiso de conducir a los mayores son por  deficiencias: visuales, psicológicas y auditivas, seguidas de otras como enfermedades cariocirculatorias o limitaciones de movilidad  A medida que envejecemos, la percepción de la realidad comienza a ser errónea, provocando que no tengamos toda la información en un caso extremo o tardemos más en reaccionar y, aumentando el riesgo de sufrir un accidente, tanto como peatón como conductor.

 

Si hablamos de deficiencias, las podemos agrupar en tres:

Pérdida de agudeza visual.

 

Disminución de la agudeza visual, así como de la facilidad para recuperarse ante un deslumbramiento, todo esto influye en empeorar los posibles cálculos de las distancias de seguridad o una reducción del campo de visión.

 

Reducción de la eficiencia auditiva

Imposibilidad de discernir entre sonidos o, peor aún, la imposibilidad de determinar su procedencia exacta. Este tipo de deficiencias se manifiestan, sobre todo, en los tonos agudos.

Por último, deficiencias motoras como la lentitud en las reacciones, perdiendo la coordinación en los movimientos y la facilidad de ser más afectado por síntomas como el sueño.

Un problema adicional al que se ven limitados los mayores es que su situación es difícilmente asumible, lo que entraña un peligro adicional. Es muy típico, entre personas mayores, tener una mayor sensación de autoconfianza, pensando que la “experiencia” suple cualquier defecto de la edad o que por ser personas mayores tienen prioridad, por ejemplo, cruzando la calle por una zona indebida. Este tipo de imprudencias se cometen inconscientemente, ya que la pérdida de agilidad en los sentidos es normalmente gradual y, poco a poco, nos acostumbramos a nuestras limitaciones.

Otro peligro alternativo es el mayor consumo de fármacos, muchos de ellos con efectos secundarios que afectan a todo el que los consume, pero mucho más a las personas mayores. Aunque no existen cifras exactas, se estima que más de 5% de los accidentes de tráfico son debidos a maniobras incorrectas producidas por las reacciones adversas originadas por algún tipo de medicamento.

i se les pregunta por el medio de transporte que prefieren, los mayores de 80 años optan por seguir conduciendo su vehículo antes que usar el transporte público. A partir de 75 años se produce, además, una inflexión en los hábitos al situar como primer motivo para coger el coche su uso para ir al médico o hacer la compra, desplazando ocio y turismo. Eso sí, el oído y la vista son los sentidos que los encuestados admiten percibir como más deteriorados con el paso del tiempo, con el grave riesgo que todo ello entraña.

La prudencia aumenta con la edad y, por tanto, los ancianos son menos multados, pero cuando se les sanciona en el 57 por ciento de los casos el motivo es el exceso de velocidad, por delante del estacionamiento prohibido (25 por ciento).

A su vez, 2 de cada 3 mayores evitan conducir de noche, al 63 por ciento le molesta los cruces muy ocupados y la mitad reconoce perderse más que antes conduciendo. Además, el 68 por ciento de los mayores conductores afirma tomar medicación, porcentaje que aumenta a medida que se incrementa la edad, pero 1 de cada 3 no dispone de información de su médico o farmacéutico sobre los efectos de las medicinas en el manejo de vehículos.

Precisamente, y de cara a la elaboración de esta clase de estudios, los expertos de Liberty cuentan con un simulador que viene a ser un traje limitador de movimientos del cuerpo, para asemejar las restricciones que imponen enfermedades como la artritis, la progresiva curvatura de la espalda y la dificultad que todo ello genera en la visión.

 

¿Es hora de dejar de conducir?

Todos envejecemos de manera distinta. Por esta razón, no hay una forma de determinar una sola edad cuando todos deben dejar de conducir. ¿Cómo saber entonces si debe dejar de conducir? Para ayudarle a decidir, pregúntese lo siguiente:

  • ¿Otros conductores me tocan la bocina frecuentemente?
  • ¿He tenido algunos accidentes, aunque hayan sido muy leves?
  • ¿Me pierdo, aún en los caminos que conozco?
  • ¿Pareciera que personas caminando u otros autos aparecen de la nada?
  • ¿Mis familiares, mis amigos o mi médico me han dicho que están preocupados por mi forma de conducir?
  • ¿Estoy conduciendo menos estos días porque no estoy tan seguro de mi forma de conducir como lo estaba antes?
  • ¿Me cuesta trabajo permanecer en mi carril?
  • ¿Me cuesta trabajo mover el pie entre el acelerador y el freno, o confundo los dos pedales?

Si contestó sí a cualquiera de estas preguntas, puede ser que es hora de pensar si usted sigue siendo o no un conductor seguro.